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La primavera
¿Cómo permanecer insensible al renuevo primaveral, cuando, en los países
templados o fríos, la vida brota de todas partes cual resurrección? Poéticamente,
la Biblia lo evoca:
He aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado
las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se
ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en
cierne dieron olor (Cantar de los cantares
2:11-13).
Según las profecías de las Escrituras, un hombre portador de la vida
divina, Jesús el Hijo de Dios, debía aparecer en medio de una tierra árida donde
reina la muerte. Recorría los caminos del país de Israel trayendo alivio y
esperanza. En Betania Lázaro había muerto. Cerca de la tumba, Jesús declaró a
Marta:
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto,
vivirá
(Juan 11:25).
Hoy en día, Jesús sigue comunicando la vida eterna a aquellos que creen
en él, pero acordémonos que esto es posible primeramente a causa de sus
sufrimientos y de su muerte en la cruz, pero también porque Dios lo resucitó.
Al seguirle, el creyente debería ser una fuente de bendición para otros.
La vida misma de Jesús, poderosa por medio del Espíritu Santo, le impele a dar
testimonio de su Salvador y a hacer bien a todos, trayendo, como Cristo, socorro
y esperanza.
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