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Buena
Salud Espiritual
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Para gozar de plena vitalidad,
nuestro cuerpo necesita una buena higiene de vida, aire, agua y
alimento, sin los cuales desmejoraría muy pronto. Desde su llegada al
mundo, el recién nacido reclama la leche materna que asegura su rápido
crecimiento durante los primeros meses. Además necesita cuidados de
limpieza
diarios.
Ocurre lo mismo en la esfera
espiritual. Primero, el alma del creyente nacido de nuevo «respira».
Mediante la oración intercambia con su Dios comunicaciones tan
necesarias a la nueva vida como lo es el oxígeno para el cuerpo. Luego
debe alimentarse, porque Jesús dijo:
“No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios” (Mateo 4:4). No nos
imaginamos que alguien pudiera contentarse con una sola comida por
semana, pues se debilitaría rápidamente. Asimismo, para un buen
crecimiento espiritual es necesario leer cada día una porción de la
Palabra de Dios. El cristiano hallará en ella refresco y alimento a la
vez.
En el momento de creer en
Cristo, todo hombre recibe la salvación del alma
(1 Pedro 1:9). Con plena
certeza sabe que es salvo, pero si comete faltas, debe confesarlas al
Señor, quien
“es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda
maldad” (1 Juan 1:9). Así
su alma es «purificada» de toda impureza, de todo lo que es incompatible
con el pensamiento del Señor. Entonces la comunión con Dios es
restablecida y el crecimiento espiritual puede seguir.
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