| |
La peor catástrofe
el
Devocional Hablado
Cierta vez, en un colegio de una gran ciudad de Inglaterra se les pidió a los
alumnos de la clase de religión que escribieran en una hoja cuál sería el más
grave suceso que se imaginaban que podría
acontecerles. Algunos pensaron en una guerra atómica, otros en una enfermedad
incurable. Sin embargo, una respuesta muy especial e inhabitual
rezaba: «Lo peor sería si todas las oraciones sólo fueran un monólogo». De
hecho, ¡un cielo vacío sería la peor catástrofe! Aquí estaríamos solos con todos
nuestros problemas y
preguntas. Y al final sólo habría desesperación.
Pero el creyente sabe que Dios es real y que él escucha las
oraciones. Esto no le evita todas las dificultades, ¡por supuesto que no!, pero
por más grandes que
sean, Dios no lo abandonará. Él oye el llamado de sus hijos, los alienta, les
ayuda, los acompaña en las situaciones difíciles y dirige sus miradas hacia un
glorioso porvenir
eterno.
Esto no es un hermoso sueño. Es la
realidad. Miles de creyentes lo experimentan diariamente e innumerables son los
que ya lo han
vivido. Uno de éstos es David, el compositor del salmo citado en el
encabezamiento, quien además dice: “Ninguno hay como tú… Porque tú eres
grande, y hacedor de maravillas; sólo tú eres Dios… tu misericordia es grande
para
conmigo, y has librado mi alma… Mas tú, Señor, Dios misericordioso y
clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad… me ayudaste y me
consolaste” (Salmo 86).
¡Bienaventurado todo aquel que puede llamar a Dios su Padre y hablarle
como
tal!
|
|