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Jesús, hijo de David e Hijo de Dios
el
Devocional Hablado
Jesús, un sábado que estaba en Nazaret, entró en la sinagoga. Entonces se le dio
el libro del profeta Isaías y leyó:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas… me ha enviado… a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos…
Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. Con autoridad cautivó a
sus oyentes, hablando de su propia persona. Pero ellos se preguntaban: “¿No es
éste el hijo de José?”
(Lucas 4:18-22). Ni siquiera lo reconocían como profeta, y lo echaron con la
intención de
matarlo.
Algunos días antes, el diablo le había desafiado, diciendo:
“Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan” (v.
3). En una palabra, ¡si eres Dios, pruébalo! En la cruz, el desafío fue el
mismo:
“Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mateo 27:40).
Pero varias veces Dios declaró: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia”
(Mateo 3:17; 17:5). Así afirmó la divinidad de Jesús y el placer que hallaba
en él. Jesús siempre se presentó como el enviado de Dios:
“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).
Cierto día Jesús puso a sus contradictores en un aprieto al preguntarles
cómo Cristo podía ser el hijo de David, cuando este último lo llama
“Señor” (Lucas 20:41-44; Salmo 110:1). He aquí la respuesta: Jesús no sólo
es descendiente de David, sino también el Mesías anunciado, Él es el Hijo de
Dios, el Rey eterno.
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