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La
Ira del Cordero
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No podemos dejar de extrañarnos al
hallar en el versículo citado la asociación de las palabras
“ira” y “Cordero”.
¿Existe un animal más manso e inofensivo que un
cordero?
Ese pasaje se refiere a Jesucristo, aquel al que la Palabra llama
“el Cordero de Dios” (Juan
1:29,
36). Durante su vida en la
tierra, “angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero
fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías
53:7). Su dulzura y su compasión
ganaron el corazón de
muchos.
Desde hace dos mil años sigue llamando con bondad:
“Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre
vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y
hallaréis descanso para vuestras almas”
(Mateo 11:28-29).
Pero el tiempo de su paciencia llegará a su fin; la puerta de la gracia
se cerrará definitivamente. Entonces este Cordero, despreciado en otros
tiempos por los hombres a quienes quería salvar, volverá para ejercer el
juicio. En efecto, Dios
“ha establecido un día en el cual
juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe
a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos
17:31). Ese día será terrible
para todos aquellos que encuentren a Jesucristo como juez.
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