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Un Solo
Dios y un Solo Camino hacia Él
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Desde el principio Adán perdió
su relación de confianza con Dios al desobedecerle. Sus descendientes
olvidaron que existe un solo Dios y se hicieron dioses a los que
sirvieron con devoción. Dios tuvo que recordarles: “No hay más Dios
que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y
sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:21-
22).
Existen numerosos caminos en
la tierra, pero sólo uno lleva al cielo. Jesús dijo: “Yo soy el
camino… nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Multitudes de animales fueron
ofrecidos en sacrificio al verdadero Dios, empezando por el de Abel,
hijo de Adán, porque Dios dijo: “Sin derramamiento de sangre no se
hace remisión” (Hebreos 9:22). Sin embargo, “la sangre de
los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”
(Hebreos 10:4). Estos sacrificios eran la prefiguración de la
única ofrenda aceptable, la de Jesucristo: “Habiendo ofrecido una vez
para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la
diestra de Dios” (Hebreos 10:12). “En ningún otro hay
salvación” (Hechos 4:12).
¿Cómo poder estar seguro de
esto? Leyendo el único libro por excelencia, la Palabra de Dios, la
Biblia, el único dictado por Dios a hombres fieles: “Santos hombres
de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2
Pedro 1:21).
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