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El Capitán
y el Grumete
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El capitán Brown se estaba
muriendo en su velero en alta mar. Como muchos marineros, siempre había
deseado morir en el mar. Pero había vivido sin preocuparse por Dios y
ahora, por primera vez, este asunto le inquietaba. Si por lo menos
tuviera una Biblia… ¿Quizás alguien de los que se hallaban a bordo
poseía una? Dio pues órdenes para que le consiguieran un ejemplar.
Efectivamente, Jo Prescott, el último grumete contratado, poseía una. Jo
fue conducido a la cabina del capitán, quien le dijo: –Léeme algo en
esta Biblia, yo no puedo leer, quizá nunca llegue a buen
puerto.
Jo buscó el capítulo 3 del
evangelio de Juan. Cuando encontró el versículo 16, se detuvo y dijo al
capitán: –¿Puedo leer este versículo como mi madre me enseñó a hacerlo?
–Léelo como quieras, le dijo el moribundo. Entonces Jo leyó: Porque de
tal manera amó Dios a Jo Prescott, que ha dado a su Hijo unigénito, para
que si Jo Prescott cree en él, no se pierda, mas tenga vida
eterna.
El capitán murmuró: –Léelo una vez más, muchacho, vuelve a leerlo y pon
el nombre de tu capitán Brown. Jo leyó de nuevo el versículo: Porque de
tal manera amó Dios al capitán Brown, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que si el capitán Brown cree en él, no se pierda, mas tenga vida
eterna. –¡Ya está!, dijo aún el capitán, ¡ésa es mi ancla! Con esto
llegaré a buen
puerto.
Usted que lee ese versículo, ¿no
quiere hacerlo poniendo su nombre y creyendo en su corazón lo que Dios
dice?
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