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El Carácter
del Evangelio de Juan
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El evangelio de Juan dirige
nuestras miradas hacia el Señor Jesús como Hijo de Dios. El Espíritu
Santo, que inspiró al apóstol, muestra cómo Dios fue glorificado por su
Hijo.
El Señor Jesús nunca buscó su
propia honra, sino la gloria de Dios. Quería glorificarle a toda costa,
incluso mediante su muerte. Él mismo dijo: “Por eso me ama el Padre,
porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino
que yo de mí mismo la pongo” (10:17-18). Sólo por medio de
esa muerte Dios podía ser glorificado respecto del pecado, mostrar
plenamente su justicia, su amor, y alcanzar su meta referente a la
humanidad. Sí, “porque de tal manera amó Dios al mundo”
(3:16).
Para el Señor Jesús, ¿qué
significó la muerte? Lo vemos en el capítulo 12: “Ahora está
turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para
esto he llegado a esta hora” (v. 27-28). Éste era su
propósito. Para glorificar al Padre estaba dispuesto a cargar con los
sufrimientos de la cruz y de la muerte.
Sin embargo este evangelio, a
diferencia de los otros tres, no resalta el hecho de que Jesús subió a
Jerusalén para sufrir y morir allí. No, en éste se expresa su completa
entrega a Dios mediante las palabras: “Voy al Padre”. Juan nos
muestra, pues, la perfecta y voluntaria entrega del Hijo a su Dios.
¡Cuán infinitamente preciosa es su persona para el Padre y cuán inmenso
es también el valor de su sacrificio! Dios fue glorificado en la muerte
de Cristo respecto a toda la cuestión del pecado.
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