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Serie
La Epístola a los Romanos XXVIII
Libre de la ley
(1)
(Leer Romanos 7:1-6)
Los que creemos en Jesús estamos libres de la culpa; Romanos 3:21 a 5:4 nos
lo demuestra. También fuimos liberados del poder del pecado. Eso nos fue
explicado en
Romanos 5:12-21 y en el capítulo 6. Ahora debemos aprender en el capítulo
7 que también fuimos liberados de la ley. Aquí encontramos a alguien que sí posee
la nueva vida y por eso quiere hacer lo bueno, pero siempre vuelve a hacer lo
malo; de ahí que se sienta miserable.
Muchos hijos de Dios tienen un período así en su vida. Quieren vivir para
el Señor Jesús y, sin embargo, cada vez vuelven a fallar. Eso sucede porque se
imponen obligaciones, sea de manera consciente o no. Opinan que lo mejor para
servir a Dios es atenerse a ciertas reglas, a una ley. Pero el resultado es que
sienten su insuficiencia y por eso el gozo de la salvación disminuye rápidamente.
Ya no testifican, sino que se centran del todo en sí mismo. Las palabras
“yo” o “mi” aparecen cerca de veinte veces en este capítulo. La liberación
de esta situación tan triste se encuentra en el
versículo 25.
Los versículos 1 a 6 constituyen una especie de introducción. Si se
trata del uso de la ley, es evidente que una ley rige sobre una persona mientras
esté viva. Es absurdo imponer una multa a alguien que cometió una infracción de
tránsito y perdió la vida en el accidente que se produjo. De igual manera, el
creyente puede considerarse como muerto con Cristo. Un muerto no puede servir ni
amar el pecado
(6:5-11, Colosenses 3:1-11).
continua...
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