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El autostop
Cierta noche, en un bar de una gran ciudad, Pedro conoció a varios jóvenes.
Después de cierto tiempo algunos le propusieron ir a otra ciudad para divertirse.
Por supuesto, Pedro se fue con ellos.
Unos quince minutos después, el conductor del auto tomó una curva y se
metió en un estacionamiento oscuro. De repente, los compañeros de Pedro sacaron
un cuchillo y le exigieron que les entregara su dinero. Aterrorizado, se dio a la
fuga. Atravesó corriendo ambos carriles de la autopista y levantó las manos
pidiendo ayuda. Pero ninguno de los vehículos que pasaban se detuvo. Finalmente
se acercó uno que frenó bruscamente y paró a cierta distancia. Pedro corrió hacia
él, abrió la puerta, se subió y gritó: –Siga andando, ahí vienen.
El conductor, un creyente que iba a casa después de haber escuchado una
predicación evangélica, le dijo: –No se preocupe joven, Dios nos cuidará.
Mientras el auto se ponía en movimiento, Pedro empezó a contar su historia.
Entonces el automovilista le explicó por qué había llegado en ese momento,
diciendo: –Sepa usted que mi Señor Jesucristo permitió que me equivocara de
camino para que pudiera ayudarle ahora en este lugar. Dios conoce las
dificultades por las que usted está pasando.
Entregue su vida a Jesucristo, quien murió en la cruz por los pecadores.
Después de una larga conversación, Pedro quiso oír más acerca del Dios a
quien había eludido desde hacía años.
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