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Visita en una clínica
En una clínica de rehabilitación encontré a una joven que caminaba con
dificultad, ayudada por dos asistentes. Pensé que tal vez necesitaría consuelo,
por eso le ofrecí un escrito cristiano. –No, esto no es para mí, no me sirve para
nada, me respondió. –¿Por qué no? ¿Acaso usted es musulmana?, le pregunté. –No,
pero tengo mi propia creencia y vivo según ella. –¿Y usted piensa que Dios debe
contentarse con esto?, proseguí. La respuesta fue desafiante: –Sí, debe darse por
satisfecho, y se alejó sonriendo. Quedé atónito; sólo pude agregar: –Esto no
basta para el cielo. ¡Qué frivolidad y qué orgullo! Enferma, necesitada de ayuda
y, no obstante, con un orgullo inflexible para con
Dios.
Un momento después conversé con otra persona. Se trataba de una mujer que
era feliz porque había depositado su fe en Jesucristo reconociéndolo como su
Salvador. Le conté mi experiencia con la otra enferma. –¡Eso es soberbia!, me
respondió. Mucha gente sencillamente no quiere acudir a Jesús, no quiere
acercarse a él. Aunque a sí mismos se llamen cristianos, son muchos los que no
irán al
cielo.
Esta mujer hablaba claramente de su fe. Me contó que le gustaba leer la
Biblia y que se esforzaba por crecer en la fe y seguir a Cristo en su vida.
También sonrió cuando nos despedimos. Se podía ver que era feliz.
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