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La Coma
Desplazada
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Se cuenta que un ministro de
justicia presentó a su rey un pedido de gracia, es decir, un indulto,
solicitado por un hombre condenado a una larga pena de prisión. Bajo el
texto de la solicitud, el ministro había escrito: «Gracia imposible,
retener en la cárcel».
El rey leyó atentamente el
pedido de remisión de la pena, tomó la pluma y desplazó la coma hacia la
palabra anterior, lo que dio la siguiente frase: «Gracia, imposible
retener en la cárcel»; y el rey agregó: «Aprobado» y firmó el escrito.
Así el condenado fue indultado y liberado.
Quizás usted no esté bajo el
peso de semejante condena, pero es un pecador como yo, y por esta razón
es culpable ante Dios. El veredicto de Dios es inapelable: todos
pecaron, todo el mundo es culpable ante Dios (Romanos 3:10, 19).
Pero he aquí la maravillosa noticia: podemos ser “justificados
gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo
Jesús… por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:24-25).
El rey había desplazado la
coma y por eso el hombre fue indultado, pero no por ese motivo pasó a
ser justo.
Dios hizo mucho más que esto.
Indultarnos le costó un precio inmenso: dio a su amado Hijo quien,
cargado con nuestros pecados, soportó el castigo bajo el juicio divino.
Desde entonces la justicia de Dios está satisfecha y nosotros, los que
creemos, somos salvos: “La sangre de Jesucristo… nos limpia de todo
pecado” (1 Juan 1:7).
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