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Una Confianza Esclarecida
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En 1660 John Bunyan fue detenido por
haber predicado el Evangelio. Hablando con su esposa, uno de sus amigos
cristianos se extrañaba de que Bunyan, un ciudadano irreprochable, fuera
encarcelado, mientras tantas malas personas vivían en libertad. «Esto no
me cabe en la cabeza», decía. –¿Esto no le cabe en la cabeza?, le dijo
esta mujer de fe. –Yo lo entiendo perfectamente. Cuando usted da un
trabajo a uno de sus obreros, no le explica siempre cuáles son sus
intenciones. Usted espera que él haga lo que se le ordenó. Él debe
pensar que usted tiene sus razones. Entonces, ¿el Señor no tendría el
derecho de reservarse sus motivos? Además, ¿podríamos entenderlos
siempre?
Es cierto que Dios no mantiene
a sus hijos en completa ignorancia; se complace en compartir sus
pensamientos con ellos. Pero desea primeramente que los suyos aprendan a
conocerle como un Padre lleno de amor y solicitud por sus hijos. Si le
conocemos así, llegado el momento, comprenderemos sus hechos, y si no es
en nuestra vida terrenal, será cuando estemos en su presencia. Dios es
infinitamente sabio y nos ama. Con confianza podemos entregarnos en sus
manos.
¡Cuántas veces nos hacemos
preguntas con respecto a lo que Dios permite! ¡Fácilmente estaríamos
dispuestos a pedirle cuentas! Estas reacciones no son otra cosa que
desconfianza e incredulidad, una actitud que no honra a Dios.
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