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¿Era Tan
Malo?
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La historia relata que el
emperador Nerón fue un niño hermoso, con un corazón tan tierno que no
soportaba ver sufrir a un animal. Pero cuando se hizo mayor fue un
verdadero monstruo, uno de los peores hombres de quien la historia haya
conservado el rastro. Hallaba un gozo diabólico en su crueldad.
Se cuenta que hizo prender
fuego a la ciudad de Roma y se alegraba viendo las llamas, avivadas por
el viento, devorar todo a su paso. Nada lo conmovía: ni el sacrificio de
tantas vidas humanas, ni las inmensas pérdidas materiales.
Dominado por Satanás, Nerón se
constituyó enemigo de Jesucristo y de los cristianos. Ordenó asesinar a
muchos creyentes; unos fueron untados con pez y quemados vivos, otros
fueron echados a las fieras de la arena y otros fueron sometidos a toda
clase de torturas. Igualmente mató al apóstol Pablo, quien escribió
numerosas epístolas del Nuevo Testamento.
Recordemos que ese monstruo de
crueldad fue un joven amable y sensible, quizá como nosotros lo fuimos.
En su corazón habitaba la misma raíz de pecado que hay en el nuestro.
Aunque no hayamos cometido faltas graves, necesitamos ser salvos, porque
la Palabra de Dios declara: “No hay justo, ni aun uno… todos
pecaron” (Romanos 3:10, 23).
Pero ella también dice:
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos
16:31). Él nos amó y murió en la cruz para quitar nuestros pecados
(1 Corintios 15:3).
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