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¿Mañana?
Un hombre de negocios alemán contaba alegremente a unos conocidos que al día
siguiente saldría de París hacia Nueva York para emprender, desde allí, un viaje
en un crucero.
Pero ese «día siguiente» el comerciante falleció. Al despegar el avión
supersónico Concorde se incendió y algunos segundos después cayó desde una altura
de 50 metros sobre un hotel. Ninguno de los cien ocupantes del avión sobrevivió.
Era la primera caída de un avión de ese tipo. Está claro que ningún pasajero
había contado con que sólo le quedaban unos minutos de
vida.
¡Cuán real es lo que dice el versículo de la fecha! La Palabra de Dios no
quiere producir pánico, pero siempre tiene en vista la eternidad. Por eso es
necesario que nos recuerde lo que nos espera, a saber,
que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de
esto el juicio (Hebreos
9:27). No podemos eliminar del pensamiento la eternidad. Y, gracias a Dios,
nadie necesita hacerlo, pues su Palabra dice:
El que en él cree, no es condenado (Juan 3:18), es decir, en el Señor Jesús,
quien dijo:
El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; no vendrá a
condenación, mas ha pasado de muerte a vida
(Juan 5:24). Todo el que le ha recibido como su Salvador, confesándole sus
pecados, no tiene nada que temer y puede mirar hacia la eternidad con una feliz
esperanza.
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